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Crítica - La Ciencia del Sueño

Poster

'Para los que quieren soñar en el cine'

08/02/2007 - Por korben dallas

(4/5)

La Ciencia del Sueño
Director: Michel Gondry
Intérpretes: Gael García Bernal (Stéphane) / Charlotte Gainsbourg (Stéphanie) / Alain Chabat (Guy) / Emma de Caunes (Zoé) / Miou-Miou (Christine Miroux) / Aurélia Petit (Martine) / Sacha Bourdo (Serge) / Pierre Vaneck (Mr. Pouchet)
Duración: 105 minutos
Sinopsis: Stéphane es un joven tremendamente soñador que se muda a su antigua casa de París tras la muerte de su padre. Allí comenzará a trabajar en una empresa de calendarios, un empleo que no le permite dar rienda suelta a su [...]
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Estreno en España: 9 de Febrero de 2007
Nota I.M.D.B.: 7'8/10 (5169 votos)



CRÍTICA



La ciencia del sueño arranca en el programa de televisión que es la cabeza de Stephane. En él, se preparan los sueños como recetas de cocina y los recuerdos se emiten como programas a través de ventanas con cortinas de nubes. Pero Stephane también tiene una vida real, su padre ha muerto de cáncer y su madre le ha conseguido un trabajo en París como maquetador en una empresa de calendarios. Al instalarse en el antiguo apartamento de su madre, conoce a Stephanie, su vecina, que acaba de instalarse y a Zoe, una amiga que la ayuda con la mudanza. Sin embargo, por una equivocación ambas le consideran como uno de los transportistas. Stephane, demasiado tímido e introvertido para desmentirlo, mantiene el equívoco y actua como tal, puesto que, además, comienza a sentirse atraído por Zoe. Poco a poco, su vida se irá fusionando más y más con sus sueños, que le harán descubrir que a la que en realidad ama es a Stephanie.

Ante todo hay que puntualizar que el filme no debe ser tomado como una secuela de ¡Olvídate de Mí!, pero sí como un proyecto colateral y complementario, como si de un díptico se tratara. Si ¡Olvídate de Mí! era una decostrucción de los recuerdos de una pareja hasta que llegaban finalmente a olvidar por completo al otro, La Ciencia del Sueño tiene un planteamiento argumental diametralmente opuesto. Es la costrucción de un universo onírico conjunto, en el que los sueños, los recuerdos y los iconos propios han de fusionarse e interrelacionarse para llegar a un nivel de compenetración superior. De este modo, las alegorías de Stephane, que parten desde un punto de vista claramente reducido a sus sueños, van evolucionando cuanto más se acerca a Stephanie, enriqueciéndose y alejándole más de la realidad. Del mismo modo que evoluciona la estructuración del filme, que parte desde un inicio “figurativo” con elementos surreales, progresando en sus devaneos fantásticos hasta confundir tanto a su protagonista como al espectador .



Michel Gondry, director y guionista del film, conoce a la perfección el terreno que pisa y se hace fuerte en la batalla a la hora de entregarnos un producto efectista y delicioso, tierno, entrañable y que, por desgracia, dejó de ser arriesgado hace mucho tiempo. Precisamente por su más que probado éxito en campos como el video musical, la publicidad o con su anterior –y excelente- película, Gondry parece reticente a salirse de aquello que el público quiere ver en su película y no da la vuelta de tuerca que algunos esperarán de ella. Autorreferenciándose constantemente, como si sus videos se tratasen de su mejor cantera de ideas, no faltará quien diga que el señor Gondry no es capaz de salir de su etiqueta personal de calles de cartón, libros gigantes y paseos por campos en los que el agua corre al revés. Sin embargo, resulta más que evidente y considerable el talento artístico y genialidad del creador, cuando contemplamos obras maestras -no del video musical sino del arte de la imagen- como Bachelorrette o Human Behaviour, ambas de la cantante islandesa Björk, y por ello no es de extrañar que recurra a su propia imaginería tal y como lo han hecho a lo largo de los tiempos desde Dalí hasta Tim Burton. Además, es el primer largometraje que el director rueda en París, ciudad en la que ha trabajado en cortos (La Lettre) o en otros videos musicales, y subyace en ella un bonito homenaje a la ciudad, que ya ha explotado en algunos de sus trabajos como Come into my world (Kylie Minogue) o La tour de pise(Jean FranÇois Coen).

En cualquier caso, es cierto que la forma es el mensaje en el film que nos ocupa –exactamente igual que lo era en ¡Olvídate de Mí!- y, como tal, puede resultar tan vacua y pretenciosa como encantadora y sublime. Añadiendo a esto el hecho de que se centra en una historia de amor, no de contra-amor, elemento fundamental a la hora de la hornada final y que peligra con el logro de un pastelón de órdago en el que la ñoñería y lo pusilánime sean sus únicos valores asegurados. Pero La Ciencia del Sueño sabe escapar con maestría gracias a los contrapuntos que protagonizan sus personajes secundarios, los compañeros de trabajo de Sebastiane, interpretados por Ablain Chabat –que sienta una composición desternillante como Guy-, Aurelia Petit –sensacional y divertida, sobre todo en la escena de la bañera- y Sacha Bourdo, cómplices de sus sueños y catapultas de su vida real; la madre, mágica y encantadora Miou Miou; y Zoe interpretada por la bella revelación de Ma Mère Emma de Caunes.



Finalmente… ¿qué es una historia de amor, por enrevesada o especialita que sea, si sus protagonistas no saben compenetrarse? Ante esta pregunta, yo mismo me sorprendo al ver cómo Gael García Bernal sale airoso con su interpretación trilingüe y cómica, tan alejada a los roles a los que nos tiene acostumbrados. Y aún es más, se consolida como héroe onírico e infantiloide a la perfección -¿será por su estatura?- tal y como lo hace su partenaire, la susurrante Charlotte Gainsbourg, una de las musas del cine francés de los últimos años que tiene muy claro el método para conquistar la cámara y que en esta ocasión no se queda atrás.

La Ciencia del Sueño es un homenaje a la gente que pinta su cuarto de colores vivos, que duerme en sábanas con dibujitos, se divierte trabajando pero lo relevante de su vida son sus ocupaciones inventivas, hacer osos de peluche o barcas con bosques dentro. Para aquellos que quieren recordar lo que sueñan y se inventan maneras de cocinar sus recuerdos. Para quienes se enamoran de sus vecinos y temen tanto hacer el ridículo que lo hacen más. Una reverencia a la niñería y a una autoadulación tan narcisista como onanista, pero que al tiempo se convierte en contradicción al doblegarse enteramente al amor.

Para qué engañarse, La Ciencia del Sueño es para aquellos que todavía quieren soñar en el cine.

 

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