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Crítica - El Perfume: Historia de un asesino

Poster

'Magnífica puesta en escena'

23/11/2006 - Por Mrs de Winter

(3/5)

El Perfume: Historia de un asesino
Director: Tom Tykwer
Intérpretes: Ben Whishaw (Jean-Baptiste Grenouille) / Dustin Hoffman (Guiseppe Baldini) / Alan Rickman (Antoine Richis) / Rachel Hurd-Wood (Laura Richis) / Corinna Harfouch (Madame Arnulfi) / Paul Berrondo (Dominique Druot) / Sara Forestier (Jeanne) / Ramon Pujol (Lucien) / Jessica Schwarz (Natalie) / Guillermo Ayesa (Tallien) / Karoline Herfurth (La chica de las ciruelas) / Fermí Reixach (Concejal) / Richard Collins-Moore (Posadero) / Enric Arquimbau (Verdugo) / Cristina Solá (Mujer con Obispo) / John Hurt (Narrador)
Duración: 147 minutos
Sinopsis: 'El Perfume' se centra en la vida un hombre que no desprende olor, pero que paradójicamente tiene el sentido del olfato extremadamente desarrollado. Obsesionado por encontrar el perfume que destile la esencia de la belleza, se acabará convirtiendo en un asesino [...]
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Estreno en España: 24 de Noviembre de 2006


CRÍTICA



El cine, casi por definición, siempre ha estimulado los dos sentidos más descriptivos para el ser humano: la vista y el oído. Sin embargo, la obsesión por representar los aromas se ha manifestado desde sus primeros pasos; incluso antes de la incorporacón del sonido ya se rociaba perfume en las salas de acuerdo con el tema de la proyección. Desde experimentos como el Aroma-Rama o el Smell-O-Vision en los años 50 y 60, hasta la más reciente revisión de John Waters y su Odorama, los sucesivos intentos no han hecho más que refutar la necesidad de este tercer sentido en las salas. El Perfume: Historia de un asesino, que Tom Tykwer ha 'osado' llevar a la gran pantalla, es la muestra más patente de que la imagen y el sonido son más que suficientes para transmitir todo tipo de sensaciones. La novela de Patrick Süskind en que se basa, reproduce todo un universo de esencias y matices por medio de la palabra escrita, y al igual que las páginas de esta, la versión cinematográfica evoca con nitidez las mismas sensaciones mediante el efectivo montaje y la más que acertada banda sonora, trascendiendo los fotogramas y las ondas acústicas.



Grasse, Francia, en pleno siglo XVIII. El oficial de perfumería Jean-Baptiste Grenouille es presentado ante una muchedumbre enfervorecida que escucha la condena a muerte del acusado, presentado ante todos como el asesino más abobinable y a la vez el ser más genialmente dotado de toda la historia. Aquí comienza la fábula. La magnífica voz en off de John Hurt nos introduce en el mundo de Grenouille, que nace con un excepcional sentido del olfato. En su revelación del hediondo París en el que vive, descubre el olor de una muchacha, que le embriaga de tal modo que acaba por matarla. Desde ese momento, vivirá obsesionado con la posibilidad de retener tal aroma y culminar así su obra con la elaboración de un perfume que encierre la esencia de la belleza.

El joven y casi desconocido actor británico Ben Whishaw protagoniza la cinta, construyendo, sin necesidad de aspavientos ni exceso de maquillaje, un personaje que impresiona desde el primer plano. Su Grenouille es complejo, atormentado, inquietante, y sin embargo transmite un atractivo que trasciende un vulgar aspecto físico. A su lado, el veterano Dustin Hoffman interpreta al perfumista Giuseppe Baldini, que guía al joven en sus primeros pasos en este arte. Un Hoffman más comedido que de costumbre, que ofrece algún que otro momento de distensión humorística en esta primera parte. Con la llegada de Grenouille a la provincia de Grasse, la fábula da paso a un thriller en toda regla. La réplica viene aquí de mano del siempre impecable Alan Rickman -actor que solo con su presencia ya dignifica cualquier cinta-, en el papel del noble Antoine Richis, que tras una serie de asesinatos perpetrados en la ciudad, teme por la vida de su joven hija Laura, a la que da vida Rachel Hurd-Wood, una belleza de porcelana que poco más aporta al filme.



El gran mérito, sin duda alguna, se lo lleva el director, Tom Tyckwer, que también firma con otros colaboradores habituales el guión (Andrew Birkin y Bernd Eichinger) y la banda sonora (Reinhold Heil y Johnny Klimek). Este alemán, que nos sorprendió gratamente con Corre, Lola, corre y realizó con atrevimiento la kieslowskiana Heaven, se ha lanzado a dirigir una obra que se consideraba inadaptable. Las minuciosas descripciones de los olores que Süskind elabora en la novela se transfiguran en un montaje ágil, plagado de primeros planos, que realzan, por otra parte, el magnífico diseño de producción. Porque el París de El Perfume es una ciudad que casi se puede tocar, repleto de personas que invaden las calles con mil olores, en un escenario brutalmente real; no olvidemos que la película se ha rodado en diferentes localizaciones a lo largo de Francia, Alemania, e incluso en nuestro país. Una realización muy viva, con temperamento, que se ve realzada mediante un score que pone el acento en las escenas para las que las palabras no son suficientes.

Y es que la palabra que inunda la novela también tiene su lugar en la película, mediante la exquisita narración de Hurt, que reproduce fragmentos casi literales de la obra original. Tal vez aquí radique uno de sus puntos débiles, ya que la adaptación puede resultar en ocasiones demasiado literal. Sin embargo, también constituye una virtud para los incondicionales de la novela, que probablemente encontrarán en El Perfume una magnífica puesta en escena de lo que habían imaginado, incluido el impactante final, que no revelaremos aquí...

 

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