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Crítica - Alatriste

Poster

'Escenas sin más sentido que el del lucimiento de algún actor/actriz'

31/08/2006 - Por K.Dallas + Irulan

(2/5)

Alatriste
Director: Agustín Díaz Yanes
Intérpretes: Viggo Mortensen (Capitán Alatriste) / Unax Ugalde (Íñigo de Balboa - adulto) / Elena Anaya (Angélica de Alquézar - adulta) / Eduardo Noriega [II] (Conde de Guadalmedina) / Javier Cámara [I] (Conde Duque de Olivares) / Enrico Lo Verso (Gualterio Malatesta) / Ariadna Gil (María de Castro) / Juan Echanove (Francisco de Quevedo) / Blanca Portillo (Fray Emilio Bocanegra) / Eduard Fernández (Sebastián Copons) / Antonio Dechent (Garrote) / Jesús Castejón (Luis de Alquézar) / Luis Zahera (Pereira) / Francesc Garrido (Martín Saldaña) / Nadia de Santiago (Angélica de Alquézar - niña) / Nacho Pérez (Iñigo de Balboa - niño) / Alex O'Dogherty (Lope de Balboa)
Duración: 147 minutos
Sinopsis: Alatriste es la historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus aventuras peligrosas y apasionantes nos sumergen sin aliento en las intrigas de la Corte de [...]
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Estreno en España: 1 de Septiembre de 2006


CRÍTICA / ANÁLISIS



Al enfrentarnos a esta crítica, nos viene a la cabeza aquel humorista que durante un par de temporadas fue líder lingüístico-cultural, ahora relegado al olvido y a la mención kitsch de algunos frikis que tontean con sus palabras como quienes toquetean los recuerdos de una consola en un anticuario. Recordamos a Chiquito de la Calzada, que comenzaba todos sus chistes con la frase, antaño graciosa y repetida hasta la saciedad: “uno que va...”. Pues bien, Alatriste es la historia de “uno que va...” y no se puede decir mucho más, puesto que, a grandes rasgos (y casi a pequeños también) en eso podemos resumir sus dos horas y cuarto de duración. Y es que el gran mal del que adolece esta película es su total carencia de línea argumental, que no es que sea ni mala ni buena, sólo es inexistente. Alatriste es una sucesión de anécdotas (algunas históricas, algunas dramáticas, algunas aventureras y alguna que otra con voluntad cómica), inconexas que no conducen a ninguna parte, como si contemplásemos durante todo su metraje escenas de un trailer muy caro y muy largo.

Al carecer de presentación, nudo y desenlace, nosotros interpretamos esta película quizá como un “homenaje” a los lectores y aún más a los fervientes seguidores de esta archiconocida saga literaria de Arturo Pérez Reverte, puesto que a lo mejor ellos sabrán dar sentido y relacionar entre sí a esta colección de secuencias que, a nuestros ojos profanos, no son más que deshilvanados retazos de bonitos ropajes.

Alatriste como fenómeno mediático, cultural y sociológico resulta infinitamente más relevante que como producto cinematográfico. Artículos en toda la prensa, exposiciones a lo largo de la geografía española (en Madrid ya lucen fotografías alrededor de toda la fachada de Fnac y la mismísima Plaza Mayor viste de tan insigne personaje), y unas expectativas desbordadas, la convierten en punto de mira de cualquier español que se precie. Así, parece que vivimos un momento único dentro de la Historia del Cine de nuestro país. Y ante tal situación, ¿no cabe preguntarse por qué Agustín Díaz Yánes no ha decidido volcarse un poquito más en semejante proyecto y entregarse a la consecución de un film sólido y amarrado en lugar de simplemente un envoltorio bonito?

La dirección de Alatriste es como su argumento, inexistente. Nos encontramos ante una película totalmente desdibujada, desde la secuenciación (que abusa de los primeros planos), hasta los más simples encuadres (destacando el macabro y redundante gusto por cercenar extremidades inferiores). Echamos de menos una mano más autoritaria que sepa lo que quiere y no se deje arrastrar por la supuesta magnitud de la cinta. Echamos de menos un director que se involucre y quiera contar una historia que vaya más allá de cuatro chascarrillos y algún que otro guiño histórico. Quizá la carrera de Díaz Yanes tenga más que ver con el film de lo que parece, y las expectativas puestas sobre los hombros del joven y prometedor autor de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto hayan sido más fuertes e infladas que los mismos derroteros por los que se ha guiado, incapaz de enfrentarse a la esperada Sin noticias de Dios (film que también contó con un importante apoyo mediático y que defraudaba hasta al apuntador), al igual que con este su más ambicioso proyecto.

Alatriste reposa su peso sobre los hombros del veterano Viggo Mortensen, y al verlo es imposible no pensar que si no fuera por su Aragorn (presente en la trilogía de El Señor de los Anillos, films de los que a su manera este producto es deudor y sin cuya existencia probablemente jamás habría visto la luz, es más, casi parece como si esta película quisiera emular a aquellas en sus pretensiones extracinematográficas) no estaría aquí. El actor casi repite papel, y aunque es palpable que se entrega y esfuerza al máximo dentro de sus amplias posibilidades en el género épico, su interpretación queda lastrada por su acento. Si bien es de admirar que haya querido domar su deje argentino, también es cierto que durante toda la película suena forzado y antinatural, pareciendo bebido en algunas ocasiones. Quizá habría estado mejor si le doblaran. En cuanto a su presencia en esta película tan española, nosotros sólo podemos pensar que es un fantástico reclamo internacional y una elección bastante acertada e inteligente desde el punto de vista estratégico y publicitario.

El resto del reparto del film está compuesto por el noventa por ciento de los rostros más populares de nuestra cinematografía. No falta ni uno. Y ni uno destaca. Al menos en el buen sentido. Pero si hay alguno que brille por su pésima actuación ese es Unax Ugalde. Encargado éste de interpretar al joven Iñigo Balboa, protegido de Diego Alatriste (con quien mantiene una, suponemos, relación paterno-filial), parece totalmente perdido a lo largo de toda la película. Perdida está también la dicción del ya no tan joven Eduardo Noriega (Conde de Guadalmedina), quien no solo demuestra que no tiene talento para defender un personaje (del cual nunca conocemos sus motivaciones o intereses, como de ningún otro, la verdad) sino que además está más soso que de costumbre. Dicción, por otra parte, que le sobra a Ariadna Gil (María de Castro), quien mastica con sus labios extra-siliconados cada ese y cada ge como si de un trozo de chicle se tratara. Elena Anaya (Angélica de Alquezar) luce su belleza y lidia con el que será sin duda el personaje más olvidado y confuso de todos (solo pasadas dos horas del comienzo del film empezamos a saber quién es...) sin desentonar demasiado, aunque sí parece afectada por el cada vez más extendido síndrome de Nadjwa Nimri -esto es, un susurrar constante y un tanto cargante-. Es ella también quien nos ofrece el desnudo gratuito de la cinta (que parece no debe faltar en el cine español). Juan Echanove y Javier Cámara como Quevedo y El Conde Duque de Olivares, respectivamente, gozan de una caracterizaciones muy logradas, y casi es lo mejor de ellos, pues no consiguen con sus actuaciones sobrepasar la espesura de sus ropajes. Eduard Fernández nos regala con sus ademanes toda una paleta de tics y gesticulaciones que no desmerecen en su plantel de creación del macho hispánico en el que parece ha sido encasillado de por vida. Es su personaje uno de los más fieles amigos de Alatriste junto al de Antonio Dechent, y ambos también carecen de motivaciones o un mínimo apunte histórico sobre el que ceñir su amistad. Para finalizar, Blanca Portillo defiende un papel un tanto peculiar (puesto que es presentada como un hombre) con soltura y dignidad. Ahora bien, la supuesta solemnidad del personaje de Bocanegra nosotros la desconocemos, puesto que en el metraje aparece como un poderosísimo cabecilla de la Inquisición pero sólo al principio y en el epílogo, con lo que dicha relevancia queda en entredicho y un poco en el aire.

Sumándose a todos ellos mencionaremos los casi cameos de Pilar López de Ayala, Pilar Bardem, Cristina Marcos, etcétera. Esta es la película más cara del cine español, y se nota que nadie se ha querido perder la oportunidad de aparecer en ella, aunque esto la llene de escenas sin más sentido que el del lucimiento de algún actor/actriz.

Ni siquiera en los apartados técnicos destaca Alatriste como debería, a excepción del vestuario de la italiana Francesca Sartori, que resulta totalmente brillante y se coloca como mayor virtud del film, igualando a lo que se puede ver en cualquier superproducción hollywoodiense. Cada traje, cada costura, cada arruga,... están colocados con mimo y una certera precisión, siempre bien acompañados por un buen maquillaje que completa las labores de caracterización de los personajes y hace que choque aún más ese detalle formal contra la vacuidad interior. La música, del popular Roque Baños, juega a seguro y apuesta por lo obvio, siendo así resultona aunque también poco innovadora. La dirección de arte y la fotografía son correctas, teniendo un premeditado aire a las pinturas de la España barroca (ahí tenemos los múltiples guiños a Velázque) que a unos gustará y a otros parecerá un tanto kitsch. Claro, que también es cierto que la idea de que en cada escena de interior haya un bodegón de Zurbarán acaba convirtiéndose en cansina, repetitiva y poco natural. También resulta un tanto extraño que todo el Madrid del Siglo de Oro quede reducido a apenas tres calles (que en la vida real están en Baeza), cuando el espectador agradecería que hubiera una mayor movilidad, casi un callejeo continuo por ciudades conocidas y en aquel tiempo irreconocibles.

El film de Díaz Yanes rezuma dos principales ideas o planteamientos: el del honor de los maleantes y el del orgullo patrio. En cuanto a lo que el primero se refiere, vemos constantemente un sentimiento aspirado y engullido de ademanes de nobleza entre los asesinos, ladrones y reos; un compañerismo receloso pero digno entre los pícaros y los más desfavorecidos, la nobleza y respeto entre los duelistas abocados al fracaso, no por la muerte, sino por la extinción de sus valores y de sus castas, el ineludible viaje hacia la muerte en el campo de batalla en nombre de otros que ni siquiera son capaces de cumplir con los jornales prometidos. La denuncia de una España que gastaba las arcas en palacios y excursiones reales, manteniendo guerras inacabables y sin sentido, el aire decadente del imperio, a través de las arrugas y las miradas grises de los hombres desnutridos sobre los cuales se sostenía aquel injusto esplendor. Y en contraposición, el siempre impertérrito orgullo del español, más chulo que un ocho y más inquebrantable que los mismísimos pilares del universo. Hasta la misma muerte, siempre con la frente bien alta, y con las piernas quebradas, alargando la expiración para poder asestar un mandoble más antes de clavar las rodillas y abandonar los sueños. Sin duda, Agustín Díaz Yanes siente admiración por los libros de Pérez Reverte y en el film lo demuestra, a pesar de no ser capaz de hacernos ver más que una redacción de colegial sobre los pobres buenos y los ricos malos; y al parecer (por lo publicado en El Semanal de hace varias semanas), el sentimiento de admiración es mutuo. La pena es que parece que en el fondo todo queda en un circulo cerrado de personalidades regalándose halagos como en un duelo en el que nadie más está invitado a combatir.




RUEDA DE PRENSA





Seguro que esto ya lo hemos hecho más veces, pero aquí vamos de nuevo: no nos cabe en la cabeza que actos como la presentación en sociedad (o más bien a prensa) de una película como esta estén tan mal organizados. Es que no tiene sentido. Las idas y venidas, el descontrol, las tres veces que te pasan lista y no estás a pesar de que ellos te confirmaran por mail que estabas,...

Pero bueno, vayamos a lo nuestro, que es de hablar del acto en cuestión. Se citó a la prensa en la mediodía del martes 29 de agosto en uno de tantos hoteles de lujo que hay en la Castellana madrileña, y allí se separó a gráficos por un lado (quienes tomarían las fotos del equipo a su llegada) y redactores por el otro (quienes tomarían nota de lo que más tarde se dijese). Las teles tuvieron suerte, y pudieron estar presentes allá donde quisieron. Con una puntualidad británica aparecieron Agustín Díaz Yanes, Tano, Arturo Pérez Reverte, Viggo Mortensen, Eduard Fernández, Unax Ugalde, Eduardo Noriega, Javier Cámara y las elegantes –a la par que menudas- Ariadna Gil y Elena Anaya. Todos ellos se mostraron muy orgullosos de sus quehaceres, de la película y de lo que saben supondrá para ellos y sus carreras a lo largo de los casi 50 minutos que duró la rueda de prensa. Pero vayamos uno a uno:



Arturo Pérez Reverte: al escuchar a Pérez Reverte es imposible que a uno no le venga a la cabeza una imagen del mismo, frente al espejo del cuatro de baño de su casa, ensayando cada palabra de las que pronuncia. Y es que es raro ver hablar a alguien con tanta propiedad en nuestros días, y aunque no debemos olvidar que su arte es el de la palabra, también inquieta que guste de repetir tres o cuatro frases siempre que puede. El autor de las populares novelas se mostró más que orgulloso de la película (si no no estaría aquí), a la que calificó de feroz y despiadada, y dijo que a pesar de los inevitables cambios sentía que se había respetado su espíritu, que sus personajes estaban allí. Varias veces recalcó que para él la historia de Alatriste es la de una España oscura y trágica, la de un héroe políticamente incorrecto (a quien, en sus palabras, Viggo Mortensen había hecho humano). Y varias veces también comentó cómo ahora, mientras se enfrenta a la sexta novela, siente la influencia visual de la película, los gestos de los actores. Del mismo modo sólo tuvo halagos para Díaz Yanes, así como para todos los actores, de quienes destacó el haber creado una verdadera camaradería entre ellos.

Agustín Díaz Yanes: el director de la película reveló en la rueda de prensa su pasado como historiador y profesor, tareas que fueron de gran ayuda a la hora de enfrentarse a un proyecto como este (aunque se contó con expertos asesores durante la gestación y el rodaje de la cinta). Él mismo comentó cómo la idea de condensar los cinco libros en una película fue más de Reverte que suya, aunque a ambos les pareció una gran manera de mostrar el auge y la caída de nuestro país. Constantemente repitió que los directores están sobrevalorados, y que su trabajo “no era para tanto”. Ante la obvia pregunta sobre el género histórico en nuestro cine, él dijo que creía que si se hacían pocas películas así era por cuestiones de presupuesto y porque los españoles estamos todavía muy peleados con nuestra historia. Finalmente, también hubo un par de preguntas acerca de algunas críticas negativas ya aparecidas u otros aspectos del film que algunos periodistas no encontraron “satisfactorios” (nosotros no podemos más que estar de acuerdo con ellos). Tano se mostró un tanto cerrado ante estas apreciaciones y apenas dijo nada, apoyándose en una postura un tanto ingenua (yo no he leído nada ni tengo nada que decir). Quizá habría dicho más sobre él que defendiera su producto en estos momentos, que era cuando de verdad necesitaba una defensa (y no cuando todo eran palabras agradables), pero él decidió no hacerlo. Claro, que esta es nuestra opinión.

Antonio Cardenal y Álvaro Agustín (Telecinco): cuando hablamos de la película más cara del cine español, está claro que tiene que haber un par de productores en su presentación. Productores que no dan números claros pero que aseguran ha costado mucho hacerla (nueve años), que nos dicen cómo creen que es este un producto más europeo que norteamericano, que afirman han conseguido todo lo que se propusieron y que además nos hacen saber que se verá en la televisión lo antes posible (18-24 meses).



Viggo Mortensen: el Capitán Alatriste es un hombre tranquilo en la vida real. De aspecto y sonrisa casi infantil (a pesar de que se empiece a notar el paso de los años), el actor habla lentamente arrastrando su acento argentino, repitiendo palabras como “lindo” y dedicando el tiempo que le parece necesario para expresar sus opiniones. Sus compañeros de reparto sólo tienen halagos para él, a quien consideran verdadero artífice del buen ambiente durante el rodaje (Javier Cámara nos hizo saber que les regaló 15 libros a todos y cada uno de ellos antes de empezar la película). Mortensen no parece creer en las falsas modestias, y nos hace ver que es consciente de que su presencia en este proyecto se debe al reclamo internacional. Para él, no es esto lo importante de la película, pero lo entiende. Nos dice que en un rodaje el dinero (aunque necesario) da igual, del mismo modo que no importa dónde ni cómo ruedes. Para él lo importante es la experiencia personal, el trato con sus compañeros. Así, Tano fue para él un gran director, generoso con los actores y siempre abierto a aceptar (y rechazar) sugerencias. Del mismo modo nos narró sus viajes por España en busca de los orígenes del personaje (si él se lo cree es más fácil que los demás crean), que encontró en León, y nos habló de los españoles, de cómo cree que el orgullo español sigue estando muy presente entre nosotros y es artífice de grandes obras (como esta película) así como posee aspectos más negativos (es difícil echarse atrás, pedir perdón). El actor también bromeó ante algunas preguntas, sobre todo las que se refirieron a su acento en la película (nos confesó que estaba doblado, y que según fueran las frases se oía desde Constantino Romero hasta Javier Bardem).

Resto del reparto: en una rueda de prensa tan multitudinaria es imposible que todos puedan hablar mucho, así que tras el director, el autor, el protagonista y los productores, poco tiempo quedó para los demás actores. Unax Ugalde no debería haber abierto la boca realmente, porque decir que el día en el que rodaste la última escena de la película estabas perdido no es algo muy bueno. Elena Anaya se mostró consciente del mínimo parecido con la versión literaria de su personaje (rubia y de ojos claros), aunque aseguró haberlo hecho lo mejor posible. Ariadna Gil solo tuvo buenas palabras para Viggo, diciendo que fue fácil crear la complicidad entre sus personajes, pues es un actor que no sólo intenta sacar lo mejor de sí mismo, sino también lo de los demás. Eduardo Noriega contó cómo al saber que su personaje tenía pocas palabras decidió intentar expresarlo a través de su presencia, sus formas, y que fueran estos factores los que lo definieran. Eduard Fernández se mostró muy agradecido ante la oportunidad de haber trabajado en la película y recalcó las cualidades de Tano (para dirigir bien hay que tratar bien a la gente) y, finalmente, Javier Cámara mencionó varias biografías del Conde Duque de Olivares que había leído para preparar su personaje así como la facilidad que sintió a la hora de rodar, ya que las cámaras nunca estaban demasiado cerca de los actores (a pesar de que en la película haya muchos primeros planos, que él agradece). El mismo Cámara puso las notas de humor al evento al decir, entre otras cosas, que sólo había visto la película una vez y que verse así le daba risa, y casi se agradecieron sus momentos, pues no fue esta una rueda de prensa demasiado brillante. La mayoría de las preguntas excedieron lo políticamente correcto y ninguna dio pie a que nadie contase cosas verdaderamente interesantes. Fue un poco más de lo mismo que llevamos semanas leyendo.

 

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