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Crítica - Guía del Autoestopista Galáctico

Poster

'Condenada al olvido'

12/02/2006 - Por Sycamore

(3/5)

El humor inglés es uno de los más complicados a la hora de hacerlo funcionar en la gran pantalla. El absurdo con una fina ironía por debajo es un terreno pantanoso que sólo grandes maestros como los Monthy Python supieron lidiar con maestría. En la literatura es otro asunto, pues el soporte escrito permite dar más vueltas y paladear más el fino sarcasmo. Ésta es, sin duda, la principal razón por la cual Guía del autoestopista galáctico es una novela fabulosa y una mediocre película. La saga de Douglas Adams, admirada por todo Reino Unido y con muchos fans fuera de las fronteras británicas, parecía un soporte ideal para una película que mezclara ciencia-ficción con comedia. De hecho una de las series de dibujos animados más aplaudidas, Futurama, tiene una clara base argumental en la saga de Adams. Sin embargo la película de Garth Jennings, quizá por exceso de respeto al soporte escrito y a los fans, no ha llegado a superar la calificación de película para fans acérrimos del libro y justita comedia de aventuras.

El film mezcla un poco las novelas de Adams pero se basa fundamentalmente en la primera, con mismo título. Tras una fantástica introducción en torno a los delfines, con canción desternillante incluída, pasamos a explorar un poco de qué va esta Guía del autoestopista galáctico, o más bien cuál es su excusa argumental para acumular gags de humor inglés. El principal protagonista, aunque todos tienen bastante cuota de presencia, es Arthur Dent, un terrícola que por paradojas del destino asiste impotente a la destrucción de su casa justo antes de que todos los terrícolas asistan impotentes a la destrucción de su planeta. En ambos casos por la misma razón: dejar paso a una carretera, de circunvalación y galáctica en cada caso. El inicio es pues prometedor, y más cuando Ford, un extraterrestre de incógnito y amigo de Arthur, salva a éste de ser destruido con el resto de terrícolas gracias a su pulgar de autoestopista. Así llegan a una nave vogona repleta de seres nauseabundos y son rescatados del vacío por Zaphod Beeblebrox y Tricia, comenzando una serie de aventuras dentro de una nave que, aunque suene a chiste, se mueve con la energía de improbabilidad a través del universo. Todo ello en busca de un planeta del que se cuenta una historia legendaria, mezcla de leyenda y realidad, según la cual hace mucho tiempo se le preguntó a un megaordenador la respuesta a todas las preguntas y éste, tras 7 millones de años reflexionando, contestó escuetamente "42".

Toda esta esperpéntica historia, sin apenas sentido, está por supuesto aderezada de líneas supuestamente ingeniosas que en la gran pantalla no terminan de funcionar. Gags de media sonrisa y poca carcajada que puede incluso hacer sentir incómodo a los espectadores que no conozcan las novelas. Uno de los personajes que se podía explotar más, así lo hicieron en Futurama, y que sí funciona es Marvin, el robot superinteligente que se siente deprimido constantemente por ser infrautilizado para tareas de poco peso. Por lo demás, las descripciones de la Guía también son dignas de mención y están trabajadas, y la factura del film en general es bastante correcta. No tiene grandes Efectos Especiales para los tiempos que corren, pero ni la historia ni el presupuesto daban para ello.

El resultado final de la Guía del autoestopista galáctico es el de una película que probablemente pase al olvido automáticamente salvo en el caso de los fans de las novelas. Para el resto de espectadores quedará como una arriesgada, curiosa y extraña mezcla de comedia surrealista y ciencia-ficción, de pocas pretensiones y nula distribución en nuestro país.

6/10

 

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