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Crítica - Memorias de una Geisha

Poster

'Muy interesante y de factura impoluta'

19/01/2006 - Por

(3/5)

Memorias de una Geisha
Director: Rob Marshall
Intérpretes: Ziyi Zhang (Sayuri Nitta) / Michelle Yeoh (Mameha) / Ken Watanabe (El Presidente) / Li Gong (Hatsumomo) / Koji Yakusho (Nobu) / Cary-Hiroyuki Tagawa (El Barón) / Yôki Kudô (Calabaza) / Kaori Momoi (O-kami) / Eugenia Yuan (Korin) / Suzuka Ohgo (Chiyo) / Ted Levine (Coronel Derricks) / Faith Shin (Pequeña Kiko) / Tsai Chin (Tía) / Kotoko Kawamura (Abuela) / Randall Duk Kim (Dr. Cangrejo) / Paul Adelstein (Teniente Hutchins) / Zoe Weizenbaum (Joven Calabaza) / Togo Igawa (Tanaka) / Mako (Sakamoto) / Karl Yune (Koichi) / Kenneth Tsang (General) / Shizuko Hoshi (Narradora)
Duración: 145 minutos
Sinopsis: In 1929, una niña pobre de un pueblo pesquero llamada Chiyo es vendida a una casa de geishas en el distrito de Gion, en Kyoto, donde es empleada como criada por las crueles dueñas y por la geisha más importante, Hatsumomo. [...]
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Estreno en España: 20 de Enero de 2006
Nota IMDB: 6'6/10 (4352 votos)


CRÍTICA




La segunda película del aclamado director Rob Marshall llega a nuestras carteleras apoyado en el sempiterno hacedor de grandes títulos Steven Spielberg. Bajo el mágico distintivo Dreamworks, la factoría Spielberg se lleva dedicando desde hace casi una década a traernos blockbusters amparados en grandes historias, más por su épico embalage que por su envergadura dramática, y que, mal que bien, siempre funciopan en taquilla. De este modo surge Memorias de una Geisha, impecable recreación de la novela homónima de Arthur Golden con un presupuesto millonario y una puesta en escena preciosista y efectista para un proyecto que se venía barajando en Hollywood desde hace tiempo.

A grandes rasgos podríamos definir Memorias de una Geisha como una historia acerca del proceso de conversión de una joven japonesa en dama de compañía. Pocos años antes de la II Guerra Mundial, Chiyo es vendida a una casa de geishas cuando aún es una niña, separándola brutalmente de su hermana. Tras los fallidos intentos por reencontrarse con ella, termina trabajando en la casa como sirvienta, sin embargo, gracias a un encuentro que cambiará su vida con un importante millonario, llega a convertirse en una de las geishas más legendarias del Japón. Cuando la guerra llega, todo aquel mundo de tradición y seducción se desmorona bajo el ruido de los bombarderos, pero su coraje sigue adelante, con el propósito de hacerse fuerte en un mundo que ya no sabe de sutilezas y en el que ella parece no poder encontrar la felicidad.

Partiendo de este argumento, notamblemente más descafeinado que la novela de la que parte, hay que puntualizar que el guión de Akiva Goldsman, Robin Swicord, Ron Bass y Doug Wright incide única y exclusivamente en los aspectos más visuales en todo momento, echándose de menos una mayor introspección en el personaje de Chiyo, amparando esa dejadez en una indiferencia ante el devenir del destino, puesto que Chiyo nos dice desde una voz en off fantasmagórica que recorre todo el metraje (y que para mi gusto sobra, aunque quedará genial en el trailer) que su vida se decide por corrientes que ella ni buscaba ni esperaba, sino que solo la arrastraban. Así, asistimos a un magistral espectáculo fotográfico, una deliciosa danza de imagenes y planos en movimiento al son de una (sorprendentemente) magnífica banda sonora de John Williams, que bien podrían engrosar las listas de los mejores videos musicales de la historia. Quizá Rob Marshall solo se ha dedicado a realizar lo que se le pedía, o tal vez los personajes le interesaban tan poco como para convertirlos en meros títeres de su ballet de imágenes, pero su film, cimentado en una perfección formal en la que resulta casi imposible desmoronarse, puede aburrir a ratos al espectador, más por la redundancia que por su larga duración.

Aún así, los actores brillan en sus interpretaciones, sobresaliendo entre ellos Ziyi Zhang, Michelle Yeoh y Gong Li, las tres tan bellas como solventes, entregadas a sus papeles con una sinceridad apabullante que a ratos pide más intensidad argumental para poder disfrutar más de su buen hacer interpretativo. Es Memorias de una Geisha un film principalmente femenino en el que los hombres apenas tienen más relevancia que el saber cuál de ellos pagará más por la protagonista, y gracias a ello, Rob Marshall despliga sus artes de amante de la femineidad que ya demostrara en Chicago, en esta ocasión desproveyendo de la sensualidad de la primera, para velar la carga sexual y devolver un juego de caricias y fragmentos de piel entrevista, un film eminentemente voyeur de puertas que se corren y se descorren constantemente, de miradas furtivas y de gestos desprevenidos. Es en este juego donde vemos la artimaña y la verdadera destreza de Rob Marshall, que tristemente se queda opacada por la épica fanfarria que a ratos te saca del incitante y sórdido mundo que dibuja.

En definitiva, un producto muy interesante y de factura impoluta, que echa de menos un poco de sinceridad y de riesgo, pero que resulta correcto y de agradable visionado.

 

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