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Crítica - Defensa

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'Una perla del cine setentero'

11/12/2005 - Por

(4/5)

En la normalidad y una estampa de paz y armonía están los mejores comienzos para todo thriller que mezcle tensión y un poquito de terror. Romper con todo ello a la vez que se plantean cuestiones de supervivencia y violencia fue uno de los méritos del cine setentero y que se despliegan con total acierto en Defensa (o Deliverance, título más acertado), película de John Boorman que estuvo a punto de dirigir Peckinpah, lo cual nos da pistas de por donde van a ir los tiros. Si a la vez se plantea un choque de carácteres entre el hombre de campo y el urbanita y cuestiones como a qué nos lleva el progreso y la destrucción de la naturaleza, el resultado final contiene gotas de maestría.

Defensa nos presenta a cuatro amigos debatiendo sobre el progreso y aproximándose a un río para disfrutarlo por última vez antes de que un embalse lo cubra todo. Su intención es hacer un descenso en canoa para llenarse de paz y naturaleza. Según llegan a su destino conocen a los lugareños, incluyendo el magnífico duelo de banjos que supone uno de los elementos más recordados del film. Tras unas escenas en las que apreciamos el choque cultural entre campo y ciudad nos metemos al río y vamos conociendo diálogo a diálogo a los cuatro integrantes de la pequeña expedición turística. Lewis es un fanático ecologista, el bicho raro del grupo, Bobby es un burlón gordito que se ríe de los planteamientos morales de Lewis y Drew es un concienzudo padrazo y buena persona. Para el final queda Ed, interpretado por John Voight, que es una mezcla de los tres anteriores y el auténtico héroe de Defensa. ¿Qué podía pasar en un fin de semana tan aparentemente tranquilo? Aquí es donde Defensa se revoluciona y sube de temperatura tras el choque definitivo con un par de lugareños que personifican el mal en su esencia más degradada. La película se convierte en una pesadilla, en una carrera de supervivencia en la cual los urbanitas deberán demostrar de qué pasta están hechos.

Boorman consigue hacer una película enorme gracias a su manejo del ritmo. En cada momento es capaz de mantener el film a la temperatura exacta para mantener la atención y cocinar la acción en su punto exacto. Y todo ello con muy pocos medios y gracias al guión original de James Dickey, basado en su propia novela, que constituye el mejor punto de Defensa. La cinematografía no es para tirar cohetes pero poco importa cuando además cuentas con un cuarteto de actores solvente y metido en la película de tal manera que sería difícil imaginar a otros actores en estos personajes. Lástima que en Defensa haya un innecesario epílogo que apenas aporta nada al film, rompe el ritmo y se alarga demasiado. La película con 15 minutos menos hubiera quedado más redonda sin duda.

De todos modos el tramo final no empaña todo lo anterior y Defensa constituye una perla más del cine setentero a todos los niveles, desde la producción barata y sucia hasta los elementos de violencia, rebajando al ser humano a la categoría de animal en lucha por su propia supervivencia. Aconsejada tanto para los amantes de la época como para los que hoy en día disfrutan con el cine duro de acción.

8/10

 

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