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Crítica - Million Dollar Baby

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'Justa merecedora de los Oscar que se llevó'

08/07/2005 - Por

(4/5)

Después de tantas expectativas tan buenas, de tantas recomendaciones, tantos premios, tantas alabanzas… por fin puede ver ayer “Million Dollar Baby”. Esta es una de esas películas que tienes que ver tranquilo, sin agobio, una de esas películas que tienes que dejar que te deleite y te entre, ya que los buenos dramas se disfrutan mejor de esa manera, cuando buscas solamente la complicidad de uno mismo con una película.

No voy a descubrir ahora mismo a Clint Eastwood, un director que consigue rodar un western magnífico como “Sin perdón” o un estupendo drama humano como “Mystic River”. Eastwood no solo dirige, sino compone la banda sonora, la produce e incluso tiene uno de los papeles protagonistas, algo bastante habitual en todas sus películas, lo que confiere algo más de personalidad a todas sus producciones, porque observamos la plena y amplia dedicación que Clint da a sus películas. Su implicación emocional es latente en cada uno de los planos de la película, aunque se nota cierto aceleramiento en acercarnos más el argumento, en un montaje que nos lleva de un sitio a otro en momentos precipitado, sin poder asimilar todos los éxitos o desavenencias del personaje principal, en este caso Maggie/Hillary Swank

A medida que vemos la película, descubrimos que estamos ante otro drama deportivo, concretamente del boxeo, de un deporte tan duro, polémico y crítico, pero que funciona excelentemente en pantalla. Muchos recordaremos la grandiosa película de Scorsese “Toro Salvaje” en algunos planos sobre el ring y la excelente manera de dirigir esos planos, además de la excelente interpretación de De Niro.”Million Dollar Baby” sabe recoger ciertos elementos de esta película, como también de “Rocky”, como es ese ascenso del todo a la nada, algo que al espectador, no sólo americano, le gusta ver, el de conseguir con trabajo y el esfuerzo no sólo el camino a la fama y al éxito, sino de saber que has hecho en tu vida algo provechoso, algo de lo que sentirte orgulloso, de poder disfrutar de tus minutos de gloria.

El desarrollo de la primera hora y media apenas se sale de esos convencionalismos de este tipo de género, destacando la gran labor interpretativa del trío protagonista, con un Clint Eastwood que demuestra que no sólo dirige muy bien, ya que además actúa de manera convincente, dándole a su personaje cierto carácter marcado por una experiencia desagradable y contradictoria con un antiguo púgil, poseyendo en un principio cierto aire de machismo y de falta de credulidad en todo lo que hace, haciéndole dudar de sus creencia, centrándose sólo en entrenar. Encontramos en Frankie Dunn (Eastwood) aun hombre lleno de complejidades morales, con sentimientos profundos guardados en su interior, pero que tapa superficialmente con ese carácter duro. Un día aparece en su gimnasio Maggie (Hillary Swank), una chica desarraigada, humilde, algo ignorante, pero de ideas y convicciones muy claras y fuertes, con pasión hacia el boxeo, un deporte siempre pensado para ser disputado por hombres y donde ella quieres conseguir sus ambiciones, queriendo ser la campeona del mundo. Swank consigue hacer que Maggie nos sea cercana por ese grado de humildad y también de cabezonería, de luchar por su objetivo a pesar de las dificultades, siendo tenaz y constante, aunque en ocasiones es algo rebelde en lo que Frank le ordena. En este gimnasio está también un viejo amigo de Frank, Eddie (Morgan Freeman), un antiguo boxeador tuerto, pero afable, mediador en todos los asuntos de ese gimnasio. Eddie es quien nos da la visión objetiva de toda la película, el que nos da entender todo lo que va sucediendo, como si nos estuviera narrando una antigua historia. Freeman consigue sin apenas esfuerzo darnos otros de sus personajes memorables, como hizo en “Cadena Perpetua”. No es sólo por su calidad de actor, Freeman es un actor que se apodera de la pantalla en cada escena con su sencillez, sin alardes interpretativos, hace que Eddie sea una de esas personas cotidianas, sensatas, con experiencia, con una amabilidad que enseguida aprecias.

Claro que después de esa hora y media, la película da un giro bastante inesperado, tornándose en un drama más profundo, más sentimentalista, queriendo hacer una especie de remate final para que en el espectador aflore cierta sensibilidad y en momentos lo consigue, manejando la sorpresas y rabia que produce esa situación, creando en el espectador ira e impotencia en las situaciones que se van viviendo. Si no fuera por ese tramo final, “Million Dollar Baby” hubiera sido nada más un excelente drama pugilístico, deportivo, pero esa transformación la convierte en algo más, se convierte en algo muy diferente que a algunos puede trastocar el concepto que en un principio tenían de la película, pero que tampoco resta nada a lo anterior, dándole un volumen más amplio de contenido moral a la película, agregándole más complejidad a los personajes de Franky y Maggie.

Terminado, uno de los aspectos más importantes de “Million Dollar Baby” es su fotografía. En las tomas del gimnasio, observamos cuando es de día ese aire desgastado, viejo, que acompaña a Frankie y Eddie, volviéndose por la noche en un contraste de negro y una solitaria luz que brilla en la oscuridad, haciendo que Maggie resplandezca un poco más, todo esto añadido a la dirección eficiente de Eastwood, que sabe sacar en sus películas lo mejor de todos los actores. En definitiva, “Million Dollar Baby” es justa merecedora de los Oscar que se llevó, pero es una de esas películas que seguramente irán ganando más con los años.

 

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