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Crítica - El Día de Mañana

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'¿El posible efecto del cambio climático?'

10/04/2005 - Por morneo

(2/5)

“¿El posible efecto del cambio climático?”


El calentamiento global puede parecernos demasiado lejano para preocuparnos, o demasiado improbable, ya que si en la previsión del tiempo que efectúan en cualquier telediario a veces ni siquiera acierta con la previsión del tiempo de la próxima semana. Las advertencias de los ecologistas suenan a veces como una táctica propagandística para forzarnos a abandonar nuestros coches y cambiar nuestro estilo de vida.

“El Día de Mañana” es la sexta película de Roland Emmerich bajo la sombra de una gran productora y es un director que produce mucha controversia, ya que resulta algo inexplicable el patriotismo tan exacerbado de sus películas a pesar de su origen alemán. El eco de su éxito viene precedido de películas tan espectaculares como “Independence Day” o “Godzilla”, que gozaron de una espectacular acogida en taquilla, gracias al impacto visual de sus efectos, pero que siempre escondían la carencia absoluta de un guión coherente y siempre ofreciendo una propaganda manifiesta. Emmerich en ocasiones ha sido comparado con Spielberg, no por el tratamiento actoral, su manera de dirigir o unos guiones consistentes, sino por manejar con soltura la magnitud de los efectos especiales, algo que ha definido claramente su trayectoria como director.

Como es habitual en el cine de Emmerich, en “El Día de Mañana” el guión es algo que no sirve y se recurre siempre a los típicos estereotipos de películas americanas donde se busca una especie de conflicto de alguna índole, ya sea amoroso, de amistad o familiar, siendo este el caso, que se rodea de secuencias espectaculares que buscan la impresión visual del espectador. Ese último aspecto resulta incuestionable, ya que el protagonista absoluto de la película son esas imágenes espectaculares de tornados, maremotos, tormentas, hielo, etc. y es definitiva lo más destacable de la película, ya que la cuestión actoral en este tipo de películas no es un elemento importante, ya que son más un mecanismo para resultar más conocido por el espectador medio o de tratar de relanzar una carrera. Dentro de las mínimas exigencias del guión, interviene Dennis Quaid, que interpreta a un paleoclimatólogo que intenta dar a conocer a los dirigentes de su país, imaginaos cual, de que se va a producir un cambio climático global radical e inmediato, pero pocas personas le hacen caso y otras reaccionan cuando es demasiado tarde. Su hijo, Jack Gyllenhaal, que conoceréis por “Donnie Darko”, se encuentran atrapado con un grupo de amigos, entre los que está Emma Rossum, que posteriormente protagonizó “El fantasma de la Opera, en la ciudad que nunca duerme, New York, lugar siempre propicio para las catástrofes sean reales o ficticias y Quaid inicia un viaje desesperado para rescatar a su hijo a pesar de las adversidades.

En películas de este tipo no busquéis otra cosa que el deleite visual, es lo que propone la película, ya que es una película que define claramente al cine “palomitero”, ya que te desborda en cuanto a sus secuencias, pero que pasado el tiempo no le encuentras ningún valor a no ser que sean sus efectos especiales, pero eso no quita para ver una película sin pretensiones artísticas, dejándonos un mensaje con cierto aire ecologista, pero que a algunos repugnará por estar siempre enfocado directamente en ese país que conocemos todos, pero es algo lógico. Bueno, si queréis ver una película entretenida sin más y disfrutar de escenas espectaculares, echad un vistazo a “El Día de Mañana”, pero no esperéis nada más.

 

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