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Crítica - Vencedores o Vencidos

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'¿Es un hombre responsable de sus actos?'

10/04/2005 - Por

(5/5)

“¿Es un hombre responsable de sus actos?”

De todos es sabido que la guerra más cruenta, no sólo del siglo XX sino de la historia, ha sido la Segunda Guerra Mundial. Una sangrienta lucha que se llevó a más de 60 millones de muertos, una contienda donde por primera vez el porcentaje de muertes civiles fue más elevada que las militares. Sus escalofriantes números dan fe de la magnificencia que estos hechos acontecieron en todo el mundo y aún después de 60 años del fin del conflicto siguen teniendo repercusión. Fue una guerra que influyó profundamente en la actualidad que hoy vivimos, su influencia política, económica, territorial e ideológica se mantiene en muchos aspectos. Una nación, Alemania, una ideología, el nacionalsocialismo, se extendió como una plaga por toda Europa bajo, no sólo de la mano de Adolf Hitler, sino también de la gente que le apoyaba: individuos que le seguían ciegamente y que exterminaron a miles de personas en campos de concentración y ejecuciones, llegando a realizar acciones consideradas inhumanas.

El 30 de Abril de 1945, Adolf Hitler y su reciente esposa Eva Braun, se suicidan en el búnker de los jardines de la Cancillería dando así fin a una cruenta lucha en Europa que se extendió durante 6 largos años. De manera inmediata, se produjo la entrada en Berlín del Ejército Rojo y los aliados: Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. En un primer momento se dividió Berlín en 4 zonas, controladas cada una por cada país y el paso siguiente fue hacer por primera vez en la historia un juicio a una serie de personas, vinculadas con el Tercer Reich, por crímenes de guerra, algo insólito y de una complejidad enorme. No sólo se dictaron sentencias a Albert Speer, Rudolf Hess o Kaltebrunner, hubo muchos jueces, políticos, etc., que también fueron juzgados.

Después de ponernos en antecedentes históricos, “Vencedores o vencidos” no solamente es una película donde podemos apreciar grandes actuaciones, ya que dentro de ella se plantea un interesantísimo dilema moral e ideológico de diversas connotaciones, ya que no sólo se juzgan a las personas sino también a todo un país, Alemania. Dentro de esta excelente realización hay espléndidos monólogos de una intensidad y credibilidad muy lograda, consiguiendo tener siempre al espectador atento a cualquier aparición e intervención que se realiza en el juicio. Kramer dirige de manera soberbia todos los aspectos, ya que consigue que las casi tres horas de película no resulten en ningún momento pesadas. Además nos ofrece unas pausas indirectas que invitan al espectador a reflexionar sobre lo acontecido en ese momento, es decir, no nos aturde con sólo la filmación del juicio, nos hace plantear preguntas en nuestra mente sobre la veracidad de lo que cuentan lejos de ese espacio reducido. Kramer efectúa un manejo soberbio de la cámara adecuándola en el momento correcto, en la expresión más enardecida, en como los ojos lo muestran todo y recibimos de manera profunda la intensidad que rodea a una película que trata un tema tan delicado.

Una vez vista la película, cada uno puede sacar las conclusiones que pueda pensar que sean ciertas, eso es un logro de la película, ya que consigue plantearte distintos puntos de vista sobre lo que aconteció en esos lamentables años. Tampoco defiende una postura concreta, ofrece al espectador esa libertad, dándonos también momentos paradójicos, como una similitud entre las situaciones vividas entre el juez principal y el principal acusado. También vemos las implicaciones políticas que rodearon a esos juicios y los extremismos de los argumentos de todos los partícipes en este juicio, todos con un convencimiento que algunos creen justo, otros patriótico, otros que dicen que era su obligación.
Toda esta magnífica orquestación de exposiciones argumentales y dilemas, está encabezado por un reparto espectacular, todos rayando a un nivel altísimo, sublime, una lección de interpretación inolvidable, resultando difícil el destacar a alguien. Personalmente me atrae la interpretación del abogado defensor Maximilian Schell, una actuación muy sentida que desborda una gran convicción en todo lo que dice, resultando un contrapunto perfecto para Richard Widmark, el cual hace un magnífico papel de tenaz fiscal. No podemos olvidar la angustiosa interpretación de Judy Garland bajo la presión del dedo acusador de Maximilian Schell, la espectacular intervención de Montgomery Clift, como un hombre de pocas facultades mentales y Marlene Dietrich, actuando en un papel típico de mujer fría alemana, quien en un detalle curioso rememora la mítica canción “Lili Marlene”. Pero las dos figuras principales de la película son Spencer Tracy y Burt Lancaster, este último con siempre una expresión hierática, afligida, pero a la vez rabiosa. Se ve en él a un hombre que está a punto de estallar y que de su boca no puede salir otra cosa que su verdad. De Spencer Tracy, decir que en el último papel relevante de su carrera antes de su muerte, realiza una soberbia interpretación de un juez que tiene en su mano decidir el destino de los hombres que va a juzgar, a pesar de las presiones externas que recibe y finalmente es el personaje que, posiblemente, exprese una mayor sensatez en todas sus conclusiones.

Realmente de esta espléndida película se pueden explotar argumentalmente páginas y páginas, ya que el planteamiento del oscarizado guión es sublime. Faltan calificativos para describir todas las sensaciones que me produce poder disfrutar esta película tan llena de matices interesantes para un simple aficionado como yo a esos acontecimientos históricos. Lejos de esas cuestiones históricas, si queréis disfrutar de un grandísimo drama judicial, lleno de interpretaciones estelares, no podéis dejar de ver “Vencedores o Vencidos”.

 

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