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Crítica - Hasta que llegó su hora

Poster

'Ambiciosa y pretenciosa'

22/02/2005 - Por Sycamore

(3/5)

Tras rodar su trilogía más famosa con cuatro duros, fantásticamente culminada con El bueno, el feo y el malo, Sergio Leone decidió apostar fuerte cambiando ligeramente de rumbo para afrontar un western mucho más pretencioso y épico con Hasta que llegó su hora. Fue en 1968 cuando se rodeó de un reparto más conocido con Henry Fonda al frente y una historia bastante más crepuscular y sombría que sus films anteriores. El presupuesto fue muy abultado para un spaguetti western y los resultados del film catalogaron al mismo como la obra culmen del spaghetti. Para algunos claro, pues para otros el spaghetti tiene un encanto distinto al de esta densa y preciosista película de Leone.

La historia es simple, y dada su simpleza la profundidad es buscada a través de un desarrollo ligeramente farragoso y con una epicidad tremendamente pretendida, casi artificial. La historia se basa en una venganza paulatina y bien fabricada que Leone maneja con soltura pero a la que dedica demasiado tiempo a la vez que despista con subtramas que bajan el nivel de la película. Los personajes recuerdan a El bueno, el feo y el malo pero con un toque de seriedad muy acentuado. En este caso el bueno es Harmónica, un personaje enigmático que siempre se anuncia mediante una melodía basada en el instrumento del apodo que le otorga Cheyenne (el feo), un maleante de la zona al que acusan de acabar con la familia de Jill, una chica del este que llega para cambiar de aires. Pronto descubrimos que la realidad es que ha sido Frank (el malo), un sicario a sueldo de un magnate del ferrocarril, el que ha acabado con la familia de Jill. El componente femenino es una novedad para el cine de Leone y aporta lo justo pues el personaje no se acaba de definir bien entre ser una femme fatale o una damisela indefensa. En general si comparamos los personajes con El bueno, el feo y el malo originales el único que puede salir ganando es Henry Fonda como malo, pues su papel es muy agradecido y su actuación, soberbia, se encuentra entre las mejores de su carrera.

Hay un tono en toda la película que hace añorar las anteriores producciones de Leone. La pretenciosidad y seriedad hacen ganas de gritar que vuelvan El Manco y compañía, y el ritmo llega por momentos a ser soporífero. Hay escenas tremendamente buenas como la inicial y otras que se dilatan demasiado, y los diálogos, aunque son para enmarcar en muchas ocasiones, son escasos. En general la duración de la película es excesiva para una trama tan pequeña y tan seria. El bueno, el feo y el malo es igual de larga aproximadamente pero el disfrute es continuo por la propia intrascendencia del film. En Hasta que llegó su hora no hay esa intrascendencia, ese tono casi irónico de despreocupación que caracteriza al spaguetti. Todo es tan serio y solemne que llega un momento en que el espectador se siente abrumado para pasar a estar casi aburrido. Además el arma que debería haber sustituido al disfrute, la emotividad, apenas aparece en el film.

No obstante existen puntos muy positivos: la epicidad de la película está conseguida gracias a la inyección económica del presupuesto y las actuaciones, sin ser tan memorables e inolvidables como Eastwood o Lee Van Cleef sí están a la altura salvo quizá en la indefinición de Claudia Cardinale. Jason Robards está fantástico y Charles Bronson se defiende como puede de las comparaciones con Eastwood. La música es algo sublime como no podía ser de otra manera; Ennio Morricone vuelve a cautivar con sus melodías repetitivas e identificadas a cada personaje como el hombre de la harmónica. Los primeros planos a los que nos acostumbra Leone son efectivos y mantienen la tensión perfectamente, sobre todo en los duelos que, como en toda película del estilo, no podían faltar.

En general una película mucho más ambiciosa y pretenciosa que la trilogía anterior de Leone. Excesivamente larga, densa y con un argumento que no daba para tanto metraje, Leone hace añorar sus tiempos despreocupados y desenfadados del spaghetti auténtico. Un spaghetti que no intentaba imitar al western mítico americano sino que casi lo parodiaba, que tenía en su propia intrascendencia su mejor arma y que lograba enganchar a cualquier espectador con su promesa de diversión garantizada. Hasta que llegó su hora no tiene, definitivamente, la magia de sus anteriores trabajos aunque los medios, el reparto y el proyecto sea mucho más épico.

6,5/10

 

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