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Crítica - La Cena de los Idiotas

Poster

'Intrascendente pero conseguida'

07/02/2005 - Por Sycamore

(4/5)

El género de la comedia es uno de los más complicados. Hacer reir al espectador es una tarea complicada pero más lo es aún que las risas provocadas tengan algún sentido y no se limiten a la simple parodia. La cena de los idiotas, una modesta producción francesa, logra ese sentido mediante una cómica fábula basada en el burlador burlado. No obstante hay que señalar que Francis Veber tenía casi todo el trabajo hecho a la hora de adaptar su propia obra de teatro y contar además con el actor clave de la misma: el idiota. El resultado es una hilarante montaña rusa de desastres con una moraleja obvia e ingenua pero efectiva.

La historia de enredo es sencilla: un grupo de amigos celebra una cena de idiotas semanalmente, a la cual acuden acompañados de un idiota que hayan conocido y al que llevan engañado con alguna excusa. Un planteamiento ácido que se vuelve cómplice con el espectador cuando nuestro protagonista, Pierre Brochant, sufre una lesión de última hora que le impide ir a la cena pero no recibir en casa a su idiota particular, que le hará pasar un calvario de malentendidos y meteduras de pata que amenazarán su complaciente vida. La moraleja final es ya obvia con esta pequeña sinopsis.

El ritmo de la película es desenfrenado y el humor está dosificado perfectamente a lo largo de los escasos 80 minutos de duración, que por otro lado te dejan con ganas de más. La cinta supura mala leche y un carácter inmisericorde con su protagonista, logrando captar al espectador que desea más y más desgracias, simpatizando con el pobre idiota que trata de dar lo mejor de sí mismo con toda la buena intención del mundo. El trabajo actoral es muy bueno, destacando sobre todo el malogrado Jacques Villeret como idiota, cuyo físico aporta la mitad del trabajo y sus muecas y movimientos resultan definitivos para el espectador. El guión, que adapta la obra fielmente como se podía esperar por parte del creador original, contiene los giros perfectos que complican la historia sin perder la chispa de sencillez que emana la película. Además de ello y como por arte de magia, Veber logra retirar del film mucho de su aire teatral gracias a los exteriores y al montaje, logrando al final una película cinematográfica con personalidad propia.

Una simpática película, intrascendente pero conseguida, que logrará hacernos reir y que consigue lo más complicado en una comedia: hacer cómplice de la acción al espectador. Una de las comedias francesas mejor conseguidas en un género en el que el cine francés no tiene precisamente su fuerte. Si pueden, vean la obra de teatro en vez de la película y, si no, disfruten durante 80 minutos de pura comedia inteligente y cómica.

7,5/10

 

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