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Crítica - La Mujer del Cuadro

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'Una de las mejores y más desconocidas películas de cine negro de la década de los 40'

09/01/2005 - Por Sycamore

(4/5)

El cine negro constituye uno de los géneros cinematográficos más difíciles de clasificar. La razón por la que una película se puede encasillar como negra reside más en la forma que en el fondo, no como ocurre con los géneros típicos de comedia, drama, bélico, terror, etc. Una fotografía oscura, un acontecimiento escabroso, un protagonista que casi sea antagonista por su pesimismo y decadencia, un tratamiento que casi diseccione el crimen en sí mismo... y todo eso lo cumple a la perfección una de las joyas del cine negro de los años 40, La mujer del cuadro. Fritz Lang, ya en su época americana, rodó la película con muy pocos ingredientes y personajes y centrando toda la atención en un absurdo incidente que da lugar a toda la trama: el asesinato en defensa propia del amante de una mujer por parte de nuestro protagonista, un pacífico profesor de psicología criminal.

A partir de tan involuntario incidente y apoyando las decisiones del protagonista en su carácter de experto teórico del mundo del crimen, Lang centra su atención en el proceso de deshacerse del cadaver y la posterior investigación, una vez hallado el cadaver. La victima resulta ser un famoso empresario, con lo cual la investigación se torna muy interesante. Para añadir una nota escabrosa y emocionante, el guión coloca al fiscal encargado de la investigación como un amigo personal del inexperto asesino, que una y otra vez comete errores y suelta inoportunas apreciaciones que suben el punto de suspense del film. En esta disección del crimen y la aparición de un tercer personaje, escolta del empresario y testigo del asesinato, se sustenta una inquietante trama que mantiene el ritmo adecuadamente gracias a una actuación estelar de Edward G. Robinson. Éste, alejado de sus papeles de villano o histriónico personaje, está muy comedido y marca sin cesar y con su continua presencia en la pantalla el tempo de la película, de la paz a la tensión y al sufrimiento. Es sin duda alguna el pilar sobre el que se sustenta la película. Basta con ver la expresión en un fotograma de Robinson para saber en qué momento de la película nos encontramos. Él y no la misteriosa mujer del cuadro es el absoluto protagonista.

Aunque no se pueda desvelar, el final resulta decepcionante e infiel con la propia filosofía del cine negro, exigencias de la época y de unos estudios que forzaron un final poco convincente y sin apenas fuerza. Quien la haya visto entenderá por qué.

No obstante La mujer del cuadro supone una de las mejores y más desconocidas películas de cine negro de la década de los 40. Al margen de El sueño eterno, la archiconocida El Halcón Maltés o Sed de mal, éste ha sido siempre un género desconocido para los espectadores de hoy en día, que envejeció mal y que tuvo su auge coincidiendo con unos momentos turbulentos de la historia americana como fueron los años 30 y la posterior ola de pesimismo a raiz de la II Guerra Mundial. No está de más recuperar viejos clásicos como éste cuyo principal cometido, al margen de los estudios que se puedan hacer del estilo, es entretener y mantener en vilo al espectador durante hora y media. La mujer del cuadro lo consigue gracias a la maestría combinada de dos genios de la época, cada uno en su campo: Fritz Lang y Edward G. Robinson.

8/10

 

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