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Crítica - Una Mente maravillosa

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'Gran historia de amor'

31/10/2004 - Por TXILI

(4/5)

Dicen que “Una mente maravillosa” no es fiel a la historia real en la que se basa, pero si a John y Alicia Nash no les importa, a mí tampoco. ¿Quién les discute a “Amadeus” o a “Titanic” su calidad, por el simple hecho de especular o mentir sobre una historia real? Ron Howard no ha dirigido un documental sino un melodrama, aunque eso sí, sólo se trata de un biopic corriente. Un Russell Crowe (L.A. Confidential, Gladiator) irregular, da vida a John Nash, un matemático esquizofrénico, que supera, gracias al amor de su esposa Alicia, interpretada por una Jennifer Connelly (Labios ardientes, Dark City) soberbia, los obstáculos que le presenta la enfermedad, llegando a conseguir el Premio Nóbel de Economía. La historia abarca desde los años universitarios de Nash hasta su madurez.

Desgraciadamente el aspecto físico de Crowe en ningún momento resulta creíble como veinteañero y ello lastra el arranque de la película. Por el contrario la extraordinaria labor de maquillaje le ayuda a componer una verosímil interpretación del Nash sexagenario. La narración tiene sus mejores momentos en la historia de amor, donde la profesionalidad de Crowe y la enorme personalidad de Connelly aportan la sensibilidad e intensidad necesarias a cada escena. Por el contrario el tratamiento de la enfermedad, que hubiese debido servir para subrayar la historia sentimental, roza en algunos momentos la caricatura de “El sexto sentido” o “El pacto del diablo”. Es una lástima que la presumiblemente compleja personalidad de John Nash no se desarrolle con más matices que los presentados directamente en la primera escena y que, por el contrario, se gaste gran parte del metraje en mostrar personajes superfluos (aunque bien interpretados) e historietas irrelevantes. La esquizofrenia de John Nash ofrecía una inmejorable (y en parte desaprovechada) oportunidad para mostrar la imbricación entre la genialidad y la locura, la soledad y la imaginación, el miedo y el rechazo. Si bien es cierto que el espectador sufre la enfermedad con el protagonista al creerse sus fantasías y verse sorprendido con la revelación de su dolencia, el drama interior de los enfermos mentales y el sufrimiento de su entorno queda eclipsado por la artificiosa aproximación al thriller.

Al margen de la historia de amor, la película también permite una interesante interpretación metafórica de John Nash como reflejo de la actual sociedad americana: es arrogante, soberbio, imagina peligros, padece manía persecutoria, está obsesionado por la seguridad, pero a la vez es un infatigable luchador, perfeccionista, genial y triunfador. Dicha dicotomía no tiene cura y la única alternativa para no sucumbir a la locura radica en aceptarla y aprender a convivir con todo ello. Una mente maravillosa probablemente sólo pasará a la historia del cine como una de las clásicas injusticias de los Óscar al haber desbancado incomprensiblemente a “Moulin Rouge”, “En la habitación” y “Gosford Park”, pero algunos, a los que nos gusta siempre olvidar lo malo, la recordaremos como la historia de amor en la que Jennifer Connelly, que parecía ser una eterna niña de mirada inocente, se convirtió en mujer.

 

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7.07

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