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Crítica - Temblores

Poster

'Cuerpo a cuerpo'

07/09/2020 - Por Sergio Roma

(3/5)

Temblores
Director: Jayro Bustamante
Intérpretes: Juan Pablo Olyslager (Pablo) / Mauricio Armas Zebadúa (Francisco) / Diane Bathen (Isa) / María Telón (Rosa) / Sabrina De La Hoz (Pastor) / Rui Frati (Pastor) / Magnolia Morales (Cristina) / Sergio Luna (Salvador) / Pablo Arenales (Abel) / Mara Martinez (Eva) / Pedro Javier Silva Lira (Bartender)
Duración: 107 minutos
Sinopsis: Pablo es un hombre de 40 años, casado y padre de dos maravillosos niños. Es un modelo a seguir y un cristiano evangélico practicante. Pero su perfecta vida tradicional comienza a quebrarse cuando se enamora de un hombre y sus sentimientos [...]
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Estreno 3 de Septiembre de 2020

CRÍTICA



No es nada habitual encontrarse en la cartelera con una película de nacionalidad gautemalteca, por lo que resulta estimulante de por sí, un acercamiento a su cine, y más si viene de la mano de Jayro Bustamante, que previamente ha presentado dos títulos como Ixcanul o La llorona que han tenido buen aceptación en festivales como el de Berlín, en el primer caso.

En esta ocasión la historia gira en torno a Pablo, un adulto casado cuyo único "crimen", o mejor dicho, pecado, ha sido enamorarse. El problema es que en el amor no todo vale, y menos en una sociedad conservadora y religiosa, donde enamorarse de una persona del propio sexo dinamita los cimientos tradicionales y provoca toda una serie de “temblores”.

Tras una sensacional y angustiosa escena inicial a modo de prólogo nos embarcaremos de lleno en la historia y el drama de Pablo, que ha decidido romper con todo por un amor, incluyendo su propio matrimonio. El problema es que, lógicamente, esta decisión no quiere que le impida seguir viendo y disfrutando de sus hijos, y esto último no lo va a tener nada sencillo: “el daño que usted le está haciendo a los niños es irreparable”.

Jayro Bustamante nos presenta una nueva muestra de la intolerancia que aún hoy existe en torno al mundo homosexual en según qué sociedades, y sobre todo en según qué mentalidades, y cómo la presión social puede ejercer un poder tan enorme, como para poner entre la espada y la pared una decisión tomada desde los sentimientos.

El relato es dinámico, se endurece por momentos y cuando entra en escena la comunidad cristiana, o la religión, es cuando los tintes de intolerancia e incluso de cierto surrealismo toman la historia para adueñarse de ella y llevarla por terrenos pantanosos, donde la iglesia toma el control y acoge hasta a los pecadores, aunque Francisco, pareja de Pablo, le deje bien claro: “nosotros no somos pecadores”.

A los temblores, literales que se suceden a lo largo de la película, se unen los temblores emocionales y sociales que rodean el mundo de Pablo, su comunidad y su familia, hasta el punto de hacerle dudar sobre la decisión que ha tomado: “No se da cuenta de en qué situación está poniendo a la familia”.


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Los niños, como en multirud de ocasiones van a participar como víctimas colaterales, hablando entre ellos en términos de “condena”, y como protagonistas de una historia que jamás debiera haberles involucrado.

Los planos desde una media altura nos permiten divisar a los personajes desde una perspectiva incómoda, que entabla diálogos formales con la propia situación, ayudando a conformar un clima triste en torno al drama.

La destrucción del núcleo familiar es el epicentro de toda la trama en la que la homosexualidad es la nota discordante y donde el director pone el acento como pretexto perfecto para denunciar una sociedad anclada en el pasado y en los dogmas religiosos que contemplan la propia homosexualidad como una enfermedad, y como, religiosamente, un pecado contra el que luchar (“Dios lo hizo a su imagen y semejanza, perfecto, Dios no lo quiere así”).

Y la lucha será encarnizada, cuerpo a cuerpo, entre lo emocional y lo racional. Y la batalla se librará rodeada de múltiples temblores que pondrán a prueba la estabilidad mental y emocional de Pablo, y el equilibrio social que aspira conseguir, con el sentimiento de culpa siempre sobrevolando la vida y la mentalidad de Pablo, que inevitablemente se va a ver inmerso en un conflicto interno de gran calado.

Conforme avanza el relato, avanza en dureza, aunque paradójicamente se va dejando esencia en el camino, perdiendo algo de intensidad en torno a la figura de Pablo, y las decisiones que va tomando, pero manteniendo en líneas generales un tono adecuado con la historia, que atrapa desde el minuto uno y también, por qué no, entristece durante el intenso desarrollo.



@sergio_roma

 

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