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Crítica - El último Arquero

Poster

'El poder de cambiar la realidad'

17/07/2020 - Por Sergio Roma

(3/5)

El último Arquero
Director: Dacil Manrique de Lara
Intérpretes: Martín Chirino / Dacil Manrique de Lara (Dácil Manrique) / Alberto Manrique (Alberto Manrique) / Yeya Millares Sall (Yeya Millares)
Sinopsis: "El último arquero" está protagonizado por el pintor canario Alberto Manrique y su esposa, la también canaria y violinista, Yeya Millares. En un conmovedor e intimista retrato del pintor, Dácil nos invita a realizar un viaje de exploración al pasado. Entre [...]
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Estreno 17 de Julio de 2020

CRÍTICA



Cuando un documental se hace con amor, cariño y sincero homenaje familiar, el resultado suele ser muy parecido al trabajo que nos ocupa, El último Arquero, la ópera prima de la canaria Dacil Manrique de Lara que rinde honor a su abuelo, el pintor también canario Alberto Manrique, el cual, caprichos del destino, falleció durante su realización y no pudo disfrutar del regalo que le ha hecho su nieta. Porque este documental es un auténtico regalo.

Un regalo a su abuelo, pero también un regalo a los amantes del arte. El último Arquero tiene la habilidad y el acierto de rendir un sincero homenaje humano y también artístico, de manera que abuelo y pintor van unidos, y fruto de esa unión encontraremos pinceladas históricas sumamente interesantes y pinceladas artísiticas siempre sugerentes.

“Sin el arte, la crudeza de la realidad haría que el mundo fuese insoportable”. Esta frase inicial de George Bernard Shaw, además de ser interesante, supone toda una declaración de intenciones sobre lo que Dacil Manrique de Lara va a intentar con este trabajo. Y supone también lo que posteriormente sabremos más adelante: que el arte cura. O al menos a ella la curó. Porque aparte de las dos vertientes (humana y artística) que el documental afronta, tenemos una tercera, más discreta, más minúscula, pero no menos importante acerca de un oscuro asunto personal que experimentó la propia directora y que la obligó a marchar a Madrid abandonando a su familia.
Un rincón que el propio pintor, aunque con problemas de memoria, lo guarda en sus lienzos o acuarelas como “recuerdos oscuros, metidos en un cuarto aparte”…
En su propio estudio aquella niña de trece años que sufría, se refugiaba a contemplar el trabajo del artista, a disfrutar de la calma, y “en ese silencio, su arte me curó”.

A través de varias escenas del pintor en el estudio, trabajando y a través de cintas en super 8 o fotografías antiguas iremos conociendo un poco la vida del pintor Alberto Manrique, y de su familia.



(Más imágenes en su galería)



Recordándonos un poco a la obra maestra documental de Jaime Chávarri, El Desencanto, también tendremos la importante figura femenina que ha acompañado siempre al artista, Yeya Millares Sall y al igual que en aquel documental, con la madre de los Panero, Felicidad Blanc, en este caso sus aportaciones son muy valiosas y siempre entretenidas desde la sabiduría, la coherencia y la lucidez que otorgan la edad y por tanto la experiencia.

El documental está narrado en voz en off por la propia directora, aportando algunas frases y conclusiones bellas (“el papel del artista es ayudarnos a encontrar nuestras alas para volar”), y su rostro se esconde, apenas aparece en un plano final, pero siempre se muestra en un segundo plano en cuanto a la importancia de la imagen. Pero su figura, su historia, y sobre todo sus sensaciones o sentimientos siempre van a estar presentes en todo momento, junto a una significativa mariposa.

Alberto Manrique fue un arquero, un arquero del arte, el último arquero de un grupo que sin querer cambiar el mundo quiso cambiar la manera de verlo o de sentirlo. Un grupo de pintores, poetas y escritores que tenían en común el amor al arte, algo que han ido transmitiendo a sus descendientes, como se demuestra en este documental y en la persona de Dacil.

El último arquero es también una historia de renuncias. La renuncia del padre de Dacil para aceptar a su propia hija, y la renuncia de sus abuelos a sus sueños artísticos por amor a sus hijos.

La pintura, el ajedrez, la poesía, caminan de la mano de la historia, del drama, de la memoria y forman un conjunto muy compacto, que va creciendo con el paso de los minutos hasta dejarnos en el tramo final una agrdable sensación de haber conocido una pequeña gran historia, humana y artística, y tener la certeza de haber elegido bien, como la propia Dacil ha hecho: “he elegido a un padre, mi abuelo, y he elegido un legado, el de su mundo mágico, el que tiene el poder de cambiar la realidad”.




@sergio_roma

 

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