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Crítica - La Cinta Blanca

Poster

'La mano derecha de Dios'

14/01/2010 - Por

(5/5)

La Cinta Blanca
Director: Michael Haneke
Intérpretes: Christian Friedel (El profesor) / Burghart Klaußner (El pastor) / Susanne Lothar (La matrona) / Ulrich Tukur (El Barón) / Rainer Bock (El doctor) / Leonie Benesch (Eva) / Leonard Proxauf (Martin) / Maria-Victoria Dragus (Klara) / Roxane Duran (Annie) / Sebastian Hülk (Max) / Ursina Lardi (La Baronesa) / Branko Samarovski (El granjero) / Josef Bierbichler (El administrador) / Ernst Jacobi (Narrador) / Steffi Kühnert (La mujer del pastor) / Detlev Buck (Padre de Eva) / Janina Fautz (Erna) / Fion Mutert (Sigi)
Duración: 144 minutos
Sinopsis: En el año 1913, en una pequeña localidad rural de la Prusia del Imperio Alemán, una serie de inquietantes sucesos están perturbando la aparente paz de esa comunidad, regida por una estricta moral protestante. Y, si bien se intenta mantener las [...]
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Estreno en España: 15 de Enero de 2009

CRÍTICA



Tras unos silenciosos créditos y un inquietante encuadre que se va iluminando lentamente, una envejecida voz en off nos comenzará a narrar una historia que según nos confiesa conoce en ciertos aspectos de oídas, y aún mantiene no pocos misterios e interrogantes. El narrador es un sencillo maestro de escuela un pueblo del norte de Alemania en vísperas de la I Guerra Mundial, con el germen del nazismo salpicando siempre sutilmente. Tendrá dicho maestro el doble papel de narrador y protagonista que si bien en un principio parece carecer de importancia, en el transcurso de la historia se va haciendo notable y necesaria.


(Más imágenes en su galería)



Una cinta blanca, como símbolo de la pureza y la inocencia, será uno de los castigos que los hermanos de una estricta familia deberán portar cada vez que cometan una de sus inocentes travesuras. Una cinta que además y desde una visión más racional, simboliza el autoritarismo paterno-filial, el abuso de poder y la intransigencia, que si bien están orientados hacia el clima familiar e interno, Michael Haneke se encarga muy hábilmente de hallar una posible y necesaria extrapolación hacia los fanatismos religiosos y políticos de una sociedad a orillas de la inevitable destrucción moral.

Nunca había tenido tan buena ocasión el director austriaco de rodar como esta vez una película en blanco y negro que tanto agradeciese esta tonalidad. Con ello, además de lograr cierto distanciamiento, consigue una autenticidad manifiesta y logra además pasajes conmovedores, fotografías evocadoras y sustancialmente emotivas y un perfil tan asociado a la época que cuesta creer que se haya rodado en pleno siglo XXI. La misma y acertada elección de los actores (especialmente los niños) ayuda a confeccionar una imagen lo más aproximada posible a la Alemania de la época. Esa mezcla de inocencia, sufrimiento, incomprensión, respeto y finalmente miedo que trasladan tanto miradas como gestos infantiles consiguen conformar un clima perfecto para el desarrollo de una historia inquietante.

La película nos absorbe por completo desde un primer momento, y a lo largo de las casi dos horas y media que dura, consigue algo tan indispensable y difícil de lograr como es mantener la tensión y el interés sin necesidad de realizar excesivos giros narrativos que pudiesen desvirtuar ese estigma de realismo que se quiere mantener en todo momento. Una ubicación rural que acentúa en ciertos aspectos las bajezas del ser humano donde las hostilidades comienzan desde el interior de uno mismo, y la paz sólo se logra con el beneplácito de una conciencia adormecida. Pocos cineastas como Haneke son capaces de profundizar con tanto acierto y habilidad en lo más oscuro del ser humano, caracterizando los grises rincones de nuestro corazón con la minuciosidad de un verdadero cirujano narrativo y con la completa convicción de estar reflejando una auténtica realidad muchas veces ocultada. La violencia como negra pasión innata a la condición humana, la culpabilidad como origen de todos nuestros actos y los temores como marco general de cualquier conflicto personal, suponen todo un material en el que Haneke sabe sacar partido a base de sinceridad, franca reflexión objetiva y un absoluto y portentoso ejercicio narrativo vinculante. Todo ello confluye en una multitud de consecuencias que dan como resultado final la perversión de los ideales y en definitiva la sinrazón, ya se hable en términos políticos como religiosos.

Sin necesidad de mostrar escenas excesivamente crueles (aunque las haya) y con la extremada habilidad de unos encuadres austeros pero siempre perfectamente ubicados, donde en ocasiones nos sitúa a espaldas del protagonista como si pudiésemos sentir ese enfoque interior y personal que no acaba nunca de proyectarse con sinceridad, la película transcurre con la importancia de la historia por encima de todo pero con unos elementos tan sutiles como necesarios, y tan estremecedores como bellos.

Michael Haneke ha firmado una auténtica obra maestra, que sorprende poco a los que ya conocíamos su trayectoria pero que no deja de asombrar por lo variado de recursos y la extensa riqueza narrativa empleada.

Porque “La cinta blanca” es sobre todo una gran historia excelentemente narrada. Un magnífico guión bien desarrollado y una puesta en escena sobria, imaginativa y particularmente bella además de simbólica, que contiene además los interrogantes necesarios y las cuestiones puntuales para que el espectador pueda sacar sus propias conclusiones.


sergio_roma00@yahoo.es

 

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Comentarios (2)

11:33 - 14/01/2010

Mr.J

mega hype y ganísimas de verla

18:25 - 15/01/2010

Corleone12

Unas de las pelis que más ganas tengo de ver y no me la estrenan aquí. Me cago en to' cawento


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