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Crítica - 25 Kilates

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'Bajos fondos'

23/04/2009 - Por Evelio Barbero

(4/5)

25 Kilates
Director: Patxi Amézcua
Intérpretes: Ferrán Terraza (Manel) / Aida Folch (Kay) / Francesc Garrido (Abel) / Héctor Colomé (Pardo) / Maria Lanau (Rocío) / Ignasi Abadal (Eugenio) / Albert Roca (Ricardo) / Manuel Morón (Sebas)
Sinopsis: La gran ciudad. El hábitat perfecto para buscavidas, timadores, ladrones, matones, mafiosos y policías corruptos. Abel es un tipo solitario que se dedica a cobrar deudas a morosos por métodos expeditivos. Kay, una jovencita que se dedica a robar coches y [...]
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Estreno en España: 24 de Abril de 2009

CRÍTICA



Bajos fondos (4/5)

Si hay algo que suelen argumentar los detractores del cine español es la poca variedad de sus propuestas. Que parece que solo se sabe hacer comedias y película sobre la guerra civil, y lo cierto es que en la inmensa mayoría de los casos suele ser así. Por eso, cuando en ocasiones como esta llega un estilo habitualmente identificado con el cine estadounidense, o recientemente casi en clave de comedia por el británico Guy Ritchie, ver un thriller con aires de cine negro a la española, resulta cuanto menos interesante de ver. Si además añadimos que la adaptación a la sociedad española pasa el corte satisfactoriamente, se descarta automáticamente los clichés arquetípicos del género y que tan pocas veces hemos visto rodado en España.


(Más imágenes en su galería)



Hacer un retrato de los bajos fondos españoles y no caer en el ridículo más espantoso, solo se consigue a partir de un guión sólido que construya con credibilidad personajes que, aunque gracias al cine parezcan extrapolados de la cultura americana, si uno lee los periódicos españoles puede comprobar que existen también en nuestra cultura. Al igual que me pasó recientemente con La vergüenza de David Planell (película que no me cansaré de recomendar), se agradece ver a habituales guionistas dar el salto a la dirección con su propia obra. En ambos casos ha ocurrido lo mismo. Entendiendo el guión a fondo, el desarrollo de los personajes desde el guión hasta la pantalla constituye un resultado totalmente verosímil que no necesitan de explicaciones externas para que seamos capaces de entender perfectamente porqué cada uno de ellos se comporta de la manera en que lo hacen, y cuando eso sucede en una película, su calidad crece considerablemente.

Sin ser un guionista de largo recorrido, Patxi Amézcua se gana en este su debut tras las cámaras, el calificativo de director a seguir y no solo por lo acertado de su guión, sino por la apuesta visual empleada en la cinta jugando con las luces y sombras que funcionan proyectando los ambientes sórdidos retratados. Incluso es justo destacar un acertado montaje que dota de agilidad narrativa a una cinta que cuenta muchas cosas en apenas hora y media. El único punto negro de la historia es el arranque precisamente, donde queda forzado el modo de conocerse los dos personajes protagonistas, pero a partir de ese momento el guión no para de crecer hasta el final, mostrando unos giros en ocasiones, que lejos de buscar la espectacularidad, se convierten en puros recursos narrativos que ensamblan perfectamente con el tono de la cinta.

Con un guión así, la verdad que es no debe ser difícil lograr una buena interpretación siempre que el reparto esté a la altura y en este caso, funciona correctamente. Quizás Francesc Garrido no posee el físico que sobre el papel requería su personaje de matón cobrador de morosos, pero sale bastante airoso gracias a una interpretación sobria y contenida que necesitaba la cara familiar de su personaje, le convierte en una persona cercana y realista más allá del estereotipo habitual. En ese sentido, el que peca de tópico es el personaje de Joan Massotkleiner, que aunque bien interpretado, es inevitable compararlo con otros policías corruptos vistos ya en cientos de películas. Pero si hay una química especial en la película es la que consiguen Aida Folch y Manuel Morón interpretando a la hija delincuente y el padre buscavidas en negocios turbios y su relación entre ellos. Como decía, gran parte del mérito reside en lo bien dibujados que están los personajes. La diferencia queda en hacerlo bien o hacerlo muy bien, y Morón roba todas las escenas donde aparece.

La pena es la de siempre. Películas rancias con estrella mediáticas se llevarán la promoción, y películas realmente interesantes como esta, se perderán en pantallas de segunda categoría, en las que con suerte aguantarán un par de semanas en cartel sin dejar tiempo a que el boca a boca funcione.

 

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